Maurice André el Maestro
Publicado por solotrompa en octubre 2, 2010
Maurice André
Maurice André nació en Alès, cerca de Nîmes, el 21 de mayo de 1933, en el seno de una familia trabajadora en la cuenca minera del río Gard. El padre de Maurice tocaba la trompeta en sus ratos libres en la banda del pueblo, con lo que el pequeño Maurice se aficionó y acostumbró al peculiar timbre de este instrumento desde su más tierna infancia. Si bien a los catorce años Maurice también comenzó a trabajar en la mina, alternó dicha labor con las clases de música que le dio su primer profesor, monsieur Barthélémy, un trompetista que se había graduado en París y que volvió a su pueblo ante la falta de oportunidades en la capital francesa. En 1951, y siguiendo los consejos de su profesor, André empezó a estudiar con Raimond Sabarich, profesor de trompeta y corneta en el Conservatorio de París, quien consiguió que un año después su alumno fuese admitido en el citado Conservatorio. Allí, André se inició en el estudio del cornetín, un instrumento en plena decadencia pero fundamental y necesario para la iniciación de los futuros trompetistas. André se resolvió como un magnífico estudiante y ya en el primer año consiguió el Premier Prix del Conservatorio en cornetín, galardón que revalidaría al año siguiente en la especialidad de trompeta.
Antes de promocionarse como solista, André se vio obligado a colaborar como trompetista en algunas de las mejores orquestas de París. Así, en 1953 (Con sólo 20 años) y por un espacio de ocho años, fue contratado como trompeta solista de la Orquesta Filarmónica de la Radio Televisión Francesa, aunque también colaboró para la prestigiosa Orquesta de los Conciertos Lamoureux. En 1955 ganó el primer premio del Concurso Internacional de Ginebra y graba sus primeros discos de música barroca. En 1962 es nombrado profesor de trompeta en el Conservatorio de París y un año más tarde logra el primer premio en el prestigioso Concurso de Munich, hecho determinante que le impulsó a una reconocida carrera internacional y a la grabación de muchos discos. Efectivamente, a partir de 1963 André empieza a promocionarse en giras de conciertos, principalmente en Alemania, donde es requerido por directores de la talla de Herbert von Karajan, Karl Böhm o Karl Richter. Pero también es solicitado por las mejores formaciones del resto de Europa, de la URSS, de Norteamérica y Japón, con lo que su nombre empieza a ser mundialmente reconocido como el del trompetista más importante de su tiempo. También desde aquellos años, inicia una puntual colaboración con las organistas Marie-Claire Alain y Hedwig Bilgram (La conjunción entre trompeta y órgano desarrolla una sonoridad óptima para el repertorio, ya sea barroco o más moderno). Desde entonces, Maurice André ha venido desarrollando una exitosa trayectoria basada una triple vía en la que se conjugan los conciertos y recitales, la pedagogía y la difusión del instrumento.
Esto que os acabo de escribir es más o menos su curriculum, pero lo que de verdad os quiero contar son algunas pinceladas de una de esas noches que se quedan grabadas en la memoria para siempre, y que quiero titular como una de las famosas canciones de lo Beatles de los años 60 que lleva como nombre “Que noche la de aquel día”
Jamás se me olvidará el concierto que le escuche al maestro André en Madrid. No tengo muy claro que año fue, lo que si es seguro es que era a mediados de los años ochenta. Interpretó el Concierto de Hummel y una adaptación para trompeta del concierto de oboe de Marcello. Os aseguro que, su maestría en el escenario, interpretación, sonido y técnica, nos cautivo a los que tuvimos la oportunidad de escucharle. En Madrid y en España jamás se había escuchado tocar a un instrumentista de viento metal como a Maurice André. Tendría que añadir también la “propina” con la que nos deleitó a todos los oyentes con la trompeta pequeña interpretando la Reina de la noche. El Teatro Real de Madrid tembló con los aplausos que obsequiamos al gran maestro André.
Después del concierto y junto algunos profesores de la ORTVE estuvimos junto al maestro, y os tengo que decir que si me había impresionado su concierto, más me impresionó su humildad y bondad. Ese hombre verdaderamente era un ángel hecho trompetista. Su corazón debia ser tan grande como su trompeta, y su humanidad me impresionaba. Atendió con una sonrisa a todos los allí presentes, firmo autógrafos, habló de sus hábitos de estudio, etc. etc. En fin, fue fantástico y seguramente irrepetible.
Maurice André nos dio a los afortunados que nos reunimos esa noche, varias lecciones que jamás he olvidado, y que os recomiendo las tengáis presente en vuestra vida si queréis ser alguien el la vida y como músicos. Él nos marcó el camino de la técnica en los instrumentos de metal para poder tocar cada vez mejor, y nos demostró como se interpreta la música barroca, pero sobre todo nos enseño y nos dijo, que para tocar bien un instrumento, además de tener claros todos los conceptos técnicos y mentales, tenemos que poner el corazón y todo nuestro talento en todo lo que tocamos. Nos dijo que la humildad nos hace grandes y nos permite tocar mucho mejor, y para finalizar, nos recomendó que estudiásemos y tuviésemos grandes metas, pero que sobre todo fuésemos buenas personas.
El era así, o mejor dicho lo sigue siendo actualmente en su retiro francés. Según cuenta, la vida le ha dado mucho en algunos momentos, y le a quitado en otros, pero a sus 77 años sigue siendo la persona y el instrumentista que siempre fue, con su sonrisa, su bondad y su humildad. Siempre grande.
!BRAVO, BRAVO, BRAVO, MAURICE ANDRÉ¡
Empieza el triste y melancólico otoño. En fin…..
Solotrompa2010
